5 jul 2016

Hotel Panorama- Albir - La arquitectura Moderna en la Altea de los '60

La arquitectura moderna en los años Sesenta del siglo XX en Altea


El Hotel Panorama fue un buen ejemplo de la incidencia del Movimiento Moderno en los inicios de los Sesenta, similar a otros muchos hoy ya desaparecidos, o restantes, como la Casa Norholl, situada en la parte sur del puerto de Altea.  

Modelos para un público nuevo y por supuesto, para nuevos programas; vinculada a la arquitectura que traen directamente a España los nuevos visitantes escandinavos. Un edificio propio del catálogo de la modernidad interpretada por albañiles locales que siguen al pie de la letra las indicaciones del propietario, del arquitecto o del técnico local que desarrolla los planos que se le facilitan.

Tanto la forma como la composición y las dimensiones de los elementos de su arquitectura, están dentro de la tradición moderna, ajenas por demás a las formas dominantes en la Altea del momento. Es un ejemplo de aquella modernidad positivista de postguerra europea, sencilla, directamente constructiva, abstracta, rompedora con la tradición, que algunas revistas ilustradas de esos momentos valoran como paradigma del racionalismo.

Fotos Hnos. Coello. facilitada por el Archivo Huguet / Tratamiento de la imagen MdR

17 may 2016

Ceràmica en las cúpulas de las iglesias de Altea- La cerámica de la Ceramo a Altea. Miguel del Rey

Ceràmica de la Ceramo a Altea. (Val- Cast)

Cúpulá de la Iglesia de Altea


                                              Cúpula de la Capilla del Sagrario de 1856



Cerámica de la Ceramo en Altea.

En la valoración y puesta al día del patrimonio industrial valenciano, Altea aporta un elemento de gran interés al catálogo de materiales de una de las industrias punteras de la cerámica valenciana de finales del siglo XIX y primera mitad del s. XX, la fabrica de La Ceramo en Valencia. aportación poco cocida en la bibliografía temática. Tenemos en Altea un espléndido ejemplo de una de las piezas más interesantes de la producción de los primeros años del 1900 de la fábrica sita en la calle Sagunto de Valencia.  Cúpula construida con nervios blancos en sus aristas y piezas especiales con bolas blancas sobre piezas semicilíndricas rematadas en sus caballetes con unas cabezas equinas en blanco, a la manera de falsas gárgolas. Si bien es el tipo de vidriado más común, el azul en las cúpulas valencianas, las piezas de Altea son similares a las utilizadas por el arquitecto Francisco Mora en los dos edículos extremos coronados por cúpula de la ampliación que realizó para el edificio del Ayuntamiento de Valencia - en la misma fecha-  en aquel caso con reflejos metálicos cobrizos, muy a la moda y en los que insistía mucho La Ceramo en su producción singular y en las piezas para exportación que realizaba. 

La cubierta de la cúpula principal de la Iglesia del Consuelo, remate e icono característico del pueblo, es obra del maestro de obras don Adrián Vela Gadea, se construyó en el año 1.904, siendo hoy referencia en el paisaje alteano. La restauración llevada a cabo hace unos  años, pudo conseguir aún alguna piezas de La Ceramo, coincidiendo con el cierre de la fábrica. 

La cúpula vidriada de la capilla del Sagrario, también de teja vidriada, no con escamas en este caso, pero sí con remates blancos, es anterior en el tiempo, -de 1856-, por lo que su procedencia no puedo ser de la Ceramo ya que esta empresa empieza su producción en los años 1880. Si en cambio pueden ser de La Ceramo las tejas vidriadas y muy bien acabadas de la capilla del Sagrario del Convento, de 1911, pues su factura es similar a las tejas de San Bartolomé en Valencia, en aquel caso en vidriado verde oliva. Aunque no hay constancia fehaciente de ello.  

Cupula de la Capilla del Sagrario del Convento de San Francisco

Luis Fuster en el pag .43 de su libro “ Iglesia de Nta Señora del Consuelo”, Altea 2003, da referencia de la crónica escrita por el Cura Cremades en 1904, en el cual se indica la procedencia de las escamas de la cúpula mayor, dice: “..escama fabricada en la Cerámica del Camino de Burjasot, cerca de valencia, y propiedad de Don José Ros, que junto a los caballetes, costo 2.600 pts de la época….”






6 may 2016

Calvari d'Altea la Vella, per Miguel del Rey

CALVARIO D’ALTEA LA VELLA (Cast - Val)
Finales del S. XIX
Publicado a la "Guía de Altea". 
Guía Imprescindible para viajeros y amantes del patrimonio.



Es un lugar privilegiado donde coinciden valores etnográficos arraigados en la población, con otros valores paisajísticos de interés singular. Su forma en zig-zag ascendente hacia la colina, la disposición de las capillas y las alineaciones transversales de cipreses, le confieren un valor plástico particular.

Situado sobre la ladera norte de la colina donde se asienta el Poblet, el Calvari es un elemento caracterizador del paisaje físico y cultural de Altea la Vella. Un elemento visible desde muchos puntos, tanto de la trama urbana, como desde el Camino del Garroferet. Forma parte de un paisaje de gran calidad que incluye el camino de la Font del Garroferet, los campos agrarios de su entorno y el propio cementerio; lo acotan las colinas boscosas que cierran su cuenca visual y el gran telón de la propia sierra de Bèrnia.

Paisaje que se percibe a corta distancia presenta gran intensidad visual y valor etnológico, además del interés arqueológico que ocultan estas tierras, donde duermen los restos de una colonia íbera del siglo IV antes de Cristo, junto a restos de culturas posteriores. El Calvario en sí mismo es el límite norte del antiguo “Castellet” islámico que constituyó el núcleo fundacional de Altea la Vella.



Su disposición espacial es característica en estos Vía Crucis, la arquitectura de los casalicios es la tradicional, construcciones cuadradas con un prisma basamental que eleva hasta una determinada altura el cuerpo donde se abre la capilla, una hornacina que protege la escena de cada una de estas 14 Estaciones. Hornacina cuadrada que se configura con una pequeña bóveda que sitúa al fondo el panel cerámico correspondiente. Se remata el casalicio con una pirámide de cuadro lados, muy propia de estas arquitecturas revocadas y pintadas de blanco.



És un lloc privilegiat on coincideixen valors etnogràfics molt arrelats en la població, amb altres valors paisatgístics d'interès singular. La seua forma en ziga-zaga ascendent cap al tossalet, la disposició de les capelles i les alineacions transversals de xiprers, li confereixen un valor plàstic particular.

Situat sobre el vessant nord del tossal on s'assenta el Poblet, el Calvari és un element caracteritzador del paisatge físic i cultural d'Altea la Vella. Un element visible des de molts punts, tant de la trama urbana, com des del Camí del Garroferet. Forma part d'un paisatge de gran qualitat que inclou el camí de la Font del Garroferet, els camps agraris del seu entorn i el propi cemetèri; el acoten tossals boscosos que tanquen la conca visual i el gran teló de la serra de Bèrnia.

Paisatge que es percep a curta distància presenta gran intensitat visual i valor etnològic, a més de l'interès arqueològic que oculten aquestes terres, on dormen les restes d'una colònia ibera del segle IV abans de Crist, al costat de restes de cultures posteriors. El Calvari en si mateix és el límit nord de l'antic "Castellet" islàmic que va constituir el nucli fundacional d'Altea la Vella.

La disposició espacial és característica en aquests Via Crucis, l'arquitectura dels casalicis és la tradicional, construccions quadrades amb un prisma basamental que eleva fins a una determinada altura el cos on s'obre la capella, una fornícula que protegeix l'escena de cadascuna d'aquestes 14 Estacions. Fornícula quadrada que es configura amb una petita volta que situa al fons el panell ceràmic corresponent. Es remata el casalici amb una piràmide de quadre costats, molt pròpia d'aquestes arquitectures revocades i pintades de blanc.

28 abr 2016

Las casas de Fred y Margarita Hessler en Altea, por Miguel del Rey

A mis amigos Margarita y Fred Hessler, a los que nunca olvidaré

Margarita y Fred Hessler fueron mis -nuestros- amigos y marcaron fuertemente mi estancia en la Altea de los años 80 y 90. Años en que visitaba dos días a la semana mi pueblo para trabajar en mi despacho de arquitectura donde desarrollaba, según mi punto de vista, proyectos urbanos de arquitectura donde unía dos intereses: el de unas propuestas funcionales propias de la vivienda urbana para la empresa de mi amigo Antonio González, en las que por mi parte unía un interés particular, incidir sobre transformar el paisaje y el lenguaje arquitectónico del momento en Altea, que desde mi opinión de bajo interés en aquel momento -algo logre: algún premio, referencias en revistas de Arquitectura de Madrid y encabezar una exposición sobre la arquitectura de los 80 en la Comunidad Valenciana-. A ello se unían unos pocos trabajos alimenticios, hasta que deje de aceptar estos encargos por su escaso interés profesional y por el cariz que estaba tomando la vivienda en las urbanizaciones de la sierra y su incidencia horrible en el paisaje de mi pueblo.

Visitar a mi madre dos días semanalmente y dormir en casa una noche, me pareció un regalo impagable que me ofrecía mi mujer, trabajando y cuidando de mis hijas en Valencia.

En Altea mantuve esos años una estrecha amistad con una pareja de pintores; ella interprete de los clientes de trabajos que no me gustaba hacer, pero que ella no tenia la culpa, era su trabajo. Tras las agotadoras jornadas: recibir clientes en los sitios más variopintos, dar trabajo a la gente del estudio para la semana y visitar y dirigir obras complicadas, como suelen ser las mías en su puesta en obra, terminaba cansado, pero sabia que en casa de los Hessler unas cervezas me ayudaban a desconectar y hablar de su arte, de sus trabajos, y ellos de los míos, de su apreciación para mi interesante. Fueron un bálsamo esa noche del lunes -en ocasionas simultaneaba alguna cena en la casa del Dr Buttersach en la Galera, un personaje de conversación interesantísima, pero ese es otro tema-. Es verdad que desconecte con amistades alteanas durante ese tiempo -quizás no fue lo mejor- pero necesitaba un espacio de calma como el que ofrecían Margarita y Fred ante todo, mis nuevas amistades. La política o los dimes y diretes locales no eran mi tema para desconectar.

Dos casas les conocí a los Hessler. La primera tras la Estación de la Olla, una planta alta de un viejo edificio rural destartalado que ellos supieron transformar en un interior cálido y humano. Tan particular y amable que desde sus ventanas desaparecía el cierto caos externo y todo se transformaba en un armonioso paisaje. Conservo de ellos una buena colección de obras. Uno de los cuadros fue precisamente una tabla al óleo sobre el paisaje en el que se encontraba su casa. Me gustaba mucho, quería cómpraselo, ellos no querían deshacerse de el. Solo en los últimos tiempos accedieron a mis pretensiones, por lo que más que una compra fue el regalo a un amigo. Es un cuadro de Margarita que me estimo particularmente con su interpretación de la naturaleza domesticada, dentro de su mirada naïf, como a ella le gustaba. Recuerdo ver colgado el cuadro en su sala cuando en alguna ocasión traía carne de reno (o eso decía) de Suecia, y lo cocinaba y nos invitaba… y teníamos un pequeño banquete regado por buen vino.


 Obra de Margarita Hessler, oleo sobre tabla. 
Colección particular 

El jardín y el paisaje fue su otra pasión y en eso coincidíamos mucho. Era, como no podría ser de otra manera en su caso, una mirada al paisaje con un encanto particular al conseguir transformar un pequeño ámbito agrario en una especie de jardín doméstico, con capilla de virgen de la que manaba agua, rodeada con flores de temporada, con bulbos, absorbiendo para sí algún paisaje robado, como dicen los japoneses, el lejano algarrobo o las palmeras salvajes que salían por doquier. Al fondo el perfil de los edificios de la playa de la Olla y el tranquilo mar.


Vistas desde la casa de mis amigos sobre el perfil de la Olla 
Oleo sobre lienzo. Margarita Hessler.
 Colección particular8


Detalle del perfil de la Olla 

Más tarde hice mis funciones de maestro de obras, no de arquitecto. Querían construirse una casa. Eligieron un corral sobre el extremo oeste del Castellet de Altea la Vella en su parte más alta. Lo compraron con sus ahorros, sabían como querían su casa, me preguntaban aspectos técnicos, adecuaciones a los muros existentes. 




El Castellet, la casa que les hice a Fred y Margarita sobre el solar de un antiguo corral en la parte alta de Altea la vella, donde fueron felices y donde los vistamos y disfrutamos tantas veces
Un Dibujo de Fred Hessler

Les indiqué como debían reconstruir los muros, conservar lo posible, adecuar otras cosas, y también indiqué que conservaran los vestigios extremos del antiguo Castellet islámico, los tratamos con cariño, casi como una reliquia, pues es lo poco que queda de esa época a la vista en el Poblet. Lo mimaron y conservamos el testigo. Construimos la casa con Juan el Chaparro, con sus buenos oficios de albañil conocedor de estas técnicas. La casa fue pues a su gusto, y por su manera de construirse podría decirse que fue una arquitectura diríamos vernacular. En ella vivieron y vivimos muy buenos momentos.

El secreto encanto de Alfaç del Pi. Fred Hessler
Col. Particular


Texturas de viejo algarrobo. Fred Hessler
Col Particular

Fue un placer conocerlos y vivir su amistad.
En su memoria.

23 abr 2016

Cervantes, Altea y Francesc Martínez i Martínez, por Miguel del Rey


Sobre las antiguas murallas renacentistas alteanas, el juez y gran folclorista don Francesc Martínez i Martínez construyó a principios del siglo XX su casa -o quizás reconstruyó sobre un edificio anterior-, en cualquier caso levantó su casa sobre las antiguas construcciones que configuraban la muralla en su lienzo sur. El edificio lo dedicó a Miguel de Cervantes, su pasión por la obra del autor le llevó ha vivir en una casa “cervantina” entendida a la moda del momento: ecléctica con elementos mudéjares. En el tímpano un medallón con el retrato de un caballero engolado y la inscripción “CERVANTES” da nombre a la casa. A ambos lados de la puerta se abren sendas ventanas geminadas con arquillos de medio punto sobre parteluz. En la planta primera dos balcones adintelados acaban en arcos lobulados y sobre la puerta un arabesco central enmarcado. Remata el edificio una galería de arquillos a la aragonesa y un potente alero de canes de madera



Francesc Martinez i Martinez, uno de los más ilustres hijos de Altea, escritor, gran folclorista y conocedor del derecho y las costumbres locales, compagino su profesión de juez con su actividad favorita: los estudios históricos, literarios y folclóricos. Su tarea se centró fundamentalmente en dos ámbitos: los estudios sobre la figura de Miguel de Cervantes y su principal obra, el Quijote; además de los trabajos sobre temas relacionados con el folclore, la literatura y la historia de los valencianos. Se formó intelectualmente en Valencia donde desarrollo los estudios de Derecho para más tarde ejercer la carrera en Valencia, en Villajoyosa y más tarde como juez municipal vivió definitivamente en Altea. Fue uno de los responsables del Centro de Cultura Valenciana, durante y después de la República.


Su casa en la Calle Santa Bárbara es fiel reflejo de su pasión cervantina, con ese nombre la denomino y la dedicó al insigne escritor. Reunió en ella una de las más nutridas bibliotecas sobre Cervantes, que hoy posee la Diputación de Valencia. Si bien entre los alteanos se le conoce por su obra “Coses de la meua terra”, una obra esencial del folclorismo valenciano que dibuja nítidamente el alma alteana y de La Marina. No hay que olvidar su pasión, que junto a la obra y vida de Miguel de Cervantes fue la lengua, la valenciana, a la que dedico años de estudio y voluntad de normalización, pero también la castellana, lengua que tanto valoraba.

Fotos: Miguel del Rey 2013 - 1984.